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Reina Valera New Testament of the Bible 1858 by Anon.

A >> Anon. >> Reina Valera New Testament of the Bible 1858

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20 como nada que os fuese util, he rehuido de anunciaros, y ensenaros
publicamente, y por las casas,

21 testificando a los Judios, y a los Gentiles la conversion a Dios, y la fe
en nuestro Senor Jesu Cristo.

22 Y ahora he aqui, que yo atado del Espiritu, voy a Jerusalem sin saber lo
que alla me ha de acontecer:

23 mas que el Espiritu Santo por todas las ciudades me da testimonio,
diciendo: Que prisiones y tribulaciones me esperan.

24 Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida mas que a mi: solamente
que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibi del Senor Jesus,
para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

25 Y ahora he aqui, yo se que ninguno de todos vosotros por quien he pasado
predicando el reino de Dios, vera mas mi rostro.

26 Por tanto yo os protesto el dia de hoy, que yo soy limpio de la sangre de
todos.

27 Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

28 Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebano en que el Espiritu
Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia de Dios, la cual
gano por su sangre.

29 Porque yo se, que despues de mi partida entraran en vosotros graves
lobos, que no perdonaran al ganado;

30 y que de vosotros mismos se levantaran hombres, que hablen cosas
perversas, para llevar discipulos tras si.

31 Por tanto velad, acordandoos que por tres anos, de noche y de dia, no he
cesado de amonestar con lagrimas a cada uno de vosotros.

32 Y ahora tambien, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su
gracia, el cual es poderoso para sobreedificar, y daros herencia con todos
los santificados.

33 La plata, o el oro, o el vestido de nadie he codiciado.

34 Antes vosotros sabeis, que para lo que me ha sido necesario, y a los que
estan conmigo, estas manos me han servido.

35 [En] todo os he ensenado, que trabajando asi, es necesario sobrellevar a
los enfermos, y acordarnos del dicho del Senor Jesus, el cual dijo:
Bienaventurada cosa es dar, antes que recibir.

36 Y como hubo dicho estas cosas, puesto de rodillas oro con todos ellos.

37 Entonces hubo un gran lloro de todos; y derribandose sobre el cuello de
Pablo, le besaban,

38 doliendose en gran manera por la palabra que dijo, que no habian de ver
mas su rostro. Y le acompanaron al navio.



CAPITULO 21

1 COMO navegamos, arrancados de ellos, venimos camino derecho a Coos, y el
dia siguiente a Rodas, y de alli a Patara.

2 Y hallando un navio que pasaba a Phenicia, embarcamonos [en el,] y
partimos.

3 Y como comenzo a mostrarsenos Cipro, dejandola a mano izquierda, navegamos
a Siria y venimos a Tyro: porque el navio habia de descargar alli su carga.

4 Y nos quedamos alli siete dias, hallados los discipulos, los cuales decian
a Pablo por Espiritu, que no subiese a Jerusalem.

5 Y cumplidos aquellos dias, nos partimos, acompanandonos todos con sus
mujeres e hijos hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la ribera,
oramos.

6 Y abrazandonos los unos a los otros, subimos en el navio; y ellos se
volvieron a sus casas.

7 Y nosotros, cumplida la navegacion, venimos de Tyro a Tolemaida, y
habiendo saludado a los hermanos, nos quedamos con ellos un dia.

8 Y otro dia, partidos Pablo y los que con el estabamos, venimos a Cesarea;
y entrando en casa de Felipe el evangelista, el cual era uno de los siete,
posamos con el.

9 Y este tenia cuatro hijas doncellas que profetizaban.

10 Y reposando nosotros alli por muchos dias, descendio de Judea un profeta
llamado Agabo.

11 El cual como vino a nosotros, tomo el cinto de Pablo, y atandose los pies
y las manos, dijo: Esto dice el Espiritu Santo: Al varon, cuyo es este cinto,
asi le ataran los Judios en Jerusalem, y le entregaran en manos de los
Gentiles.

12 Lo cual como oimos, rogamos nosotros, y los que estaban en aquel lugar,
que no subiese a Jerusalem.

13 Entonces Pablo respondio: ?Que haceis llorando, y afligiendome el
corazon? porque yo no solo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalem, estoy
presto, por el nombre del Senor Jesus.

14 Y como no le pudimos persuadir, nos reposamos, diciendo: Hagase la
voluntad del Senor.

15 Y despues de estos dias, apercibidos, subimos a Jerusalem.

16 Y vinieron tambien con nosotros de Cesarea algunos de los discipulos,
trayendo consigo a un Nason Ciprio, discipulo antiguo con el cual posasemos.

17 Y como llegamos a Jerusalem, los hermanos nos recibieron de buena
voluntad.

18 Y EL dia siguiente Pablo entro con nosotros a Jacobo, y todos los
ancianos se juntaron.

19 A los cuales, como los hubo saludado, conto por menudo lo que Dios habia
hecho entre los Gentiles por su ministerio.

20 Y ellos como [lo] oyeron, glorificaron al Senor; y le dijeron: Ya ves,
hermano, cuantos millares de Judios son los que han creido: mas todos son
celadores de la ley:

21 y han oido de ti por relacion de otros, que ensenas a apartarse de Moises
a todos los Judios que estan entre los Gentiles; y que dices, que no han de
circuncidar sus hijos, ni andar segun la costumbre:

22 ?que hay pues? en todo caso es menester que la multitud se junte: porque
oiran que has venido:

23 haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro varones, que
tienen voto sobre si:

24 tomando a estos, santificate con ellos, y gasta con ellos para que raigan
sus cabezas: y que todos entiendan que no hay nada de lo que de ti han oido
por fama; mas que tu tambien andas, guardando la ley:

25 empero cuanto a los que de los Gentiles han creido, nosotros hemos
escrito: y determinamos, que no guarden nada de esto: solamente que se
abstengan de lo que fuere sacrificado a los idolos, y de sangre, y de
ahogado, y de fornicacion.

26 Entonces Pablo, tomando a aquellos varones, santificado el dia siguiente,
entro en el templo, denunciando ser cumplidos los dias de la santificacion,
hasta ser ofrecida ofrenda por cada uno de ellos.

27 Y como se acaban los siete dias, unos Judios de Asia, como le vieron en
el templo, alborotaron todo el pueblo, y le echaron mano,

28 dando voces: Varones Israelitas ayudad: este es el hombre que por todas
partes ensena a todos contra el pueblo, y la ley, y este lugar; y aun ademas
de esto ha metido los Gentiles en el templo, y ha contaminado este santo
lugar.

29 (Porque antes habian visto Trofimo Efesio en la ciudad con el, el cual
pensaban que Pablo habia metido en el templo.)

30 Asi que toda la ciudad se alboroto, y se hizo un concurso de pueblo: y
tomando a Pablo le traian [arrastrando] fuera del templo, y luego las puertas
fueron cerradas.

31 Y procurando ellos de matarle, fue dado aviso al tribuno de la compania,
que toda la ciudad de Jerusalem estaba alborotada.

32 El cual luego tomando soldados y centuriones, corrio a ellos. Y ellos
como vieron al tribuno y a los soldados, cesaron de herir a Pablo.

33 Entonces llegando el tribuno, le prendio, y le mando atar con dos
cadenas; y le pregunto quien era, y que habia hecho.

34 Y otros daban voces de otra manera en la compania: y como no podia
entender nada de cierto a causa del alboroto, le mando llevar al real.

35 Y como llego a las gradas, acontecio que fue llevado a cuestas de los
soldados a causa de la violencia del pueblo.

36 Porque multitud de pueblo venia detras dando voces: Matale.

37 Y como comenzaron a meter a Pablo en el real, dice al tribuno: ?Me sera
licito hablarte algo? Y el dijo: ?Griego sabes?

38 ?no eres tu aquel Egipcio que levantaste una sedicion antes de estos
dias, y sacaste al desierto cuatro mil hombres salteadores?

39 Entonces Pablo le dijo: Yo de cierto soy hombre Judio, vecino de Tarso,
ciudad no oscura de Cilicia: empero ruegote que me permitas que hable al
pueblo.

40 Y como el se lo permitio, Pablo estando en pie en las gradas, hizo senal
con la mano al pueblo: y hecho grande silencio, hablo en lengua Hebrea,
diciendo:



CAPITULO 22

1 VARONES hermanos, y padres, oid la razon que ahora os doy.

2 (Y como oyeron que les hablaba en lengua Hebrea, le dieron mas silencio:)
y dijo:

3 Yo de cierto soy Judio, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado en esta
ciudad a los pies de Gamaliel, ensenado conforme a la verdad de la ley de la
patria, zeloso de la ley, como todos vosotros sois hoy.

4 Que he perseguido este camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en
carceles varones y mujeres,

5 como tambien el principe de los sacerdotes me es testigo, y todos los
ancianos: de los cuales aun tomando cartas a los hermanos, iba a Damasco,
para traer tambien presos a Jerusalem a los que estuviesen alli, para que
fuesen punidos.

6 Mas acontecio, que yendo yo, y llegando cerca de Damasco, como a mediodia,
de repente me rodeo mucha luz del cielo;

7 y cai en el suelo, y oi una voz que me decia: Saulo, Saulo, ?por que me
persigues?

8 Yo entonces respondi: ?Quien eres, Senor? Y me dijo: Yo soy Jesus el
Nazareno, a quien tu persigues.

9 Y los que estaban conmigo, vieron a la verdad la luz, y se espantaron: mas
no oyeron la voz del que hablaba conmigo.

10 Y dije: ?Que hare, Senor? Y el Senor me dijo: Levantate, y ve a Damasco,
y alli te sera dicho todo lo que te conviene hacer.

11 Y como yo no veia por causa de la claridad de la luz, llevado de la mano
por los que estaban conmigo, vine a Damasco.

12 Entonces un Ananias, varon pio conforme a la ley, que tenia [tal]
testimonio de todos los Judios que alli moraban,

13 viniendo a mi, y presentandose, me dijo: Saulo hermano, recibe la vista.
Y yo en aquella hora le mire.

14 Y el dijo: El Dios de nuestros padres te ha predestinado, para que
conocieses su voluntad, y vieses a aquel Justo, y oyeses la voz de su boca:

15 porque has de ser testigo suyo a todos los hombres de lo que has visto y
oido:

16 ahora pues, ?por que te detienes? levantate, y bautizate, y lava tus
pecados, invocando su nombre.

17 Y me acontecio, vuelto a Jerusalem, que orando en el templo, fui
arrebatado fuera de mi,

18 y le vi que me decia: Date priesa, y sal prestamente fuera de Jerusalem:
porque no recibiran tu testimonio de mi.

19 Y yo dije: Senor, ellos saben que yo encerraba en carcel, y heria por las
sinagogas a los que creian en ti:

20 y cuando se derramaba la sangre de Estevan tu testigo, yo tambien estaba
presente, y consentia a su muerte, y guardaba las ropas de los que le
mataban.

21 Y me dijo: Ve, porque yo te tengo que enviar lejos a los Gentiles.

22 Y le oyeron hasta esta palabra: entonces alzaron la voz, diciendo: Quita
de la tierra a un tal hombre: porque no conviene que viva.

23 Y dando ellos voces, y arrojando sus ropas, y echando polvo al aire,

24 mando el tribuno que le llevasen al real: y mando que fuese examinado con
azotes, para saber por que causa clamaban asi contra el.

25 Y como le ataron con correas, Pablo dijo al centurion que estaba
presente: ?Os es licito azotar a un hombre Romano, sin ser condenado?

26 Y como el centurion oyo [esto,] fue al tribuno, y le dio aviso, diciendo:
?Que has de hacer? porque este hombre es Romano.

27 Y viniendo el tribuno le dijo: Dime, ?eres tu Romano? Y el dijo: Si.

28 Y respondio el tribuno: Yo con mucha suma alcance esta ciudad. Entonces
Pablo dijo: Y yo aun soy nacido.

29 Asi que, luego se apartaron de el los que le habian de atormentar: y aun
el tribuno tambien tuvo temor, entendido que era Romano, por haberle atado.

30 Y el dia siguiente queriendo saber de cierto la causa por que era acusado
de los Judios, le solto de las prisiones, y mando venir a los principes de
los sacerdotes, y a todo su concilio: y sacando a Pablo, le presento delante
de ellos.



CAPITULO 23

1 ENTONCES Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos,
yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el dia de
hoy.

2 El principe de los sacerdotes, Ananias, entonces mando a los que estaban
delante de el que le hiriesen en la boca.

3 Entonces Pablo le dijo: Te herira Dios, pared blanqueada; ?y tu estas
sentado juzgandome conforme a la ley, y contra la ley me mandas herir?

4 Y los que estaban presentes dijeron: ?Al sumo sacerdote de Dios maldices?

5 Y Pablo dijo: No sabia, hermanos, que era el principe de los sacerdotes:
que escrito esta: Al principe de tu pueblo no maldeciras.

6 Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saduceos, y la otra de
Fariseos, clamo en el concilio: Varones hermanos, yo Fariseo soy, hijo de
Fariseo: de la esperanza y de la resurreccion de los muertos soy yo juzgado.

7 Y como hubo dicho esto, fue hecha disension entre los Fariseos y los
Saduceos: y la multitud fue dividida.

8 (Porque los Saduceos dicen que no hay resurreccion, ni angel, ni espiritu:
mas los Fariseos confiesan ambas cosas.)

9 Y se levanto un gran clamor: y levantandose los escribas de la parte de
los Fariseos, contendian, diciendo: Ningun mal hallamos en este hombre: que
si espiritu le ha hablado, o angel, no repugnemos a Dios.

10 Y habiendo grande disension, el tribuno teniendo temor que Pablo no fuese
despedazado de ellos, mando venir una compania de soldados y arrebatarle de
en medio de ellos, y llevarle al real.

11 Y la noche siguiente, presentandosele el Senor, le dijo: Confia, Pablo:
que como has testificado de mi en Jerusalem, asi te conviene testificar
tambien en Roma.

12 Y venido el dia, algunos de los Judios se juntaron, y prometieron debajo
de maldicion, diciendo, que ni comerian ni beberian hasta que hubiesen muerto
a Pablo.

13 Y eran mas de cuarenta los que habian hecho esta conjuracion:

14 los cuales se fueron a los principes de los sacerdotes, y a los ancianos,
y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldicion, que no hemos de
gustar nada hasta que hayamos muerto a Pablo:

15 ahora pues vosotros con el concilio haced saber al tribuno, que le saque
manana a vosotros, como que quereis entender de el alguna cosa mas cierta; y
nosotros, antes que el llegue, estamos aparejados para matarle.

16 Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, vino, y
entro en el real, y dio aviso a Pablo.

17 Y Pablo llamando a uno de los centuriones, dice: Lleva a este mancebo al
tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.

18 El entonces tomandole, le llevo al tribuno, y dijo: El preso Pablo
llamandome, me rogo que trajese a ti este mancebo, que tiene algo que
hablarte.

19 Y el tribuno tomandole de la mano, y apartandose aparte con el, le
pregunto: ?Que es lo que tienes de que darme aviso?

20 Y el dijo: los Judios han concertado rogarte que manana saques a Pablo al
concilio, como que han de inquirir de el alguna cosa mas cierta:

21 mas tu no los creas: porque mas de cuarenta varones de ellos le asechan,
los cuales han hecho voto, debajo de maldicion, de no comer ni beber hasta
que le hayan muerto: y ahora estan apercibidos esperando tu promesa.

22 Entonces el tribuno despidio al mancebo, mandandole que a nadie dijese
que le habia dado aviso de esto.

23 Y llamados dos centuriones, les mando que apercibiesen doscientos
soldados, que fuesen hasta Cesarea, y setenta de a caballo con doscientos
lanceros, que le acompanasen desde las tres horas de la noche;

24 y que aparejasen cabalgaduras para en que poniendo a Pablo, le llevasen
en salvo a Felix el presidente:

25 escribiendo una carta que en suma contenia esto:

26 Claudio Lisias a Felix gobernador excelente, salud.

27 A este varon, tomado de los Judios, y que le comenzaban a matar, libre
yo, sobreviniendo con una compania de soldados, entendiendo que era Romano:

28 y queriendo saber la causa por que le acusaban, le lleve al concilio de
ellos:

29 y halle que le acusaban de [algunas] cuestiones de la ley de ellos, y que
ningun crimen tenia digno de muerte, o de prision:

30 mas siendome dado aviso de asechanzas que le habian aparejado los Judios,
en la misma hora le envie a ti: y he denunciado tambien a los acusadores que
traten delante de ti lo que tienen contra el. Bien tengas.

31 Y los soldados tomando a Pablo, como les era mandado, le trajeron de
noche a Antipatria.

32 Y el dia siguiente, dejando a los de a caballo que fuesen con el, se
volvieron al real.

33 Y como llegaron a Cesarea, y dieron la carta al presidente, presentaron
tambien a Pablo delante de el.

34 Y el presidente, leida la carta, pregunto de que provincia era: y
entendiendo que de Cilicia:

35 Te oire, dice, cuando vinieren tambien tus acusadores. Y mando que le
encarcelasen en la audiencia de Herodes.



CAPITULO 24

1 Y CINCO dias despues descendio el principe de los sacerdotes Ananias, con
los ancianos, y Tertulo un orador: y comparecieron delante del presidente
contra Pablo.

2 Y citandole, Tertulo comenzo de acusar, diciendo:

3 Como [sea asi que] por causa tuya vivamos en grande paz, y muchas cosas
sean bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, siempre y en todo lugar
lo recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelente Felix.

4 Empero por no impedirte mas largamente, ruegote que nos oigas brevemente
conforme a tu equidad.

5 Porque hemos hallado que este hombre es pestilencial, y levantador de
sediciones a todos los Judios por todo el mundo: y principe de la sediciosa
secta de los Nazarenos.

6 El cual tambien tento a violar al templo: y prendiendole le quisimos
juzgar conforme a nuestra ley.

7 Mas entreviniendo el tribuno Lisias, con grande violencia le quito de
nuestras manos;

8 mandando a sus acusadores que viniesen a ti: del cual tu mismo juzgando,
podras entender todas estas cosas de que le acusamos.

9 Y anadieron los Judios, diciendo estas cosas ser asi.

10 Entonces Pablo, haciendole senal el presidente que hablase, respondio:
Porque se que muchos anos ha que eres gobernador de esta nacion, con buen
animo satisfare por mi:

11 que tu puedes entender que no ha mas de doce dias que subi a adorar a
Jerusalem:

12 y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo

concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad:

13 ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan:

14 esto empero te confieso, que conforme a aquel camino que llaman secta,
asi sirvo al Dios de mi patria, creyendo todas las cosas que en la ley, y en
los profetas estan escritas:

15 teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurreccion de los muertos,
asi de justos e injustos, que ellos esperan:

16 y por esto yo procuro tener conciencia sin escrupulo siempre acerca de
Dios, y acerca de los hombres:

17 mas pasados muchos anos, vine a hacer limosnas y ofrendas a mi nacion,

18 cuando me hallaron santificado en el templo, (no con multitud, ni con
alboroto,) unos Judios de Asia:

19 los cuales convenia que fueran presentes delante de ti, y acusar, si
contra mi tenian algo:

20 o estos mismos digan, si hallaron en mi alguna cosa mal hecha cuando yo
estuve en el concilio;

21 sino de esta sola voz que clame estando entre ellos: Que de la
resurreccion de los muertos soy hoy juzgado de vosotros.

22 Entonces oidas estas cosas, Felix les paso dilacion, diciendo: Despues
que sea mas informado de esta secta, cuando descendiere el tribuno Lisias,
acabare de conocer de vuestro negocio.

23 Y mando al centurion, que Pablo fuese guardado suelto [de las prisiones,]
y que no defendiese a ninguno de sus familiares de servirle, o venir a el.

24 Y algunos dias despues, viniendo Felix con Drusilla su mujer, la cual era
Judia, llamo a Pablo, y oyo de el la fe que es en Cristo.

25 Y disputando el de la justicia, y de la continencia, y del juicio
venidero, espantado Felix, respondio: Ahora vete: mas en teniendo oportunidad
te llamare:

26 esperando tambien con esto, que de parte de Pablo le serian dados
dineros, porque le soltase: por lo cual haciendole venir muchas veces,
hablaba con el.

27 Mas cumplidos los dos anos, Felix recibio por sucesor a Porcio Festo; y
queriendo Felix ganar la gracia de los Judios, dejo preso a Pablo.



CAPITULO 25

1 FESTO pues, entrado en la provincia, tres dias despues subio de Cesarea a
Jerusalem.

2 Y vinieron a el el principe de los sacerdotes, y los principales de los
Judios contra Pablo, y le rogaron,

3 pidiendo gracia contra el, que le hiciese traer a Jerusalem, poniendole
asechanzas para matarle en el camino.

4 Mas Festo respondio que Pablo era guardado en Cesarea, y que el se
partiria presto.

5 los que de vosotros pueden, dice, desciendan juntamente, y si hay algun
crimen en este varon, acusenle.

6 Y deteniendose entre ellos no mas de diez dias, venido a Cesarea, el
siguiente dia se asento en el tribunal, y mando que Pablo fuese traido.

7 El cual venido, le rodearon los Judios que habian venido de Jerusalem,
poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podian
probar,

8 dando Pablo razon: Que ni contra la ley de los Judios, ni contra el
templo, ni contra Cesar he pecado en algo.

9 Mas Festo, queriendo congraciarse con los Judios, respondiendo a Pablo,
dijo: ?Quieres subir a Jerusalem, y alla ser juzgado de estas cosas delante
de mi?

10 Y Pablo dijo: Al tribunal de Cesar estoy, donde conviene que sea juzgado:
a los Judios no he hecho injuria ninguna, como tu sabes muy bien:

11 porque si alguna injuria, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no
rehuso de morir: mas si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie
puede darme a ellos: a Cesar apelo.

12 Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondio: ?A Cesar has
apelado? a Cesar iras.

13 Y PASADOS algunos dias, el rey Agripa y Bernice vinieron a Cesarea a
saludar a Festo.

14 Y como estuvieron alli muchos dias, Festo declaro al rey de Pablo,
diciendo: Un varon ha sido dejado preso por Felix,

15 por el cual, como vine a Jerusalem, vinieron a mi los principes de los
sacerdotes y los ancianos de los Judios pidiendo condenacion contra el.

16 A los cuales respondi, no ser costumbre de los Romanos dar alguno a
condenacion, antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y
haya lugar de defenderse de la acusacion.

17 Asi que habiendo venido juntos aca, sin ninguna dilacion el dia siguiente
sentado en el tribunal, mande traer al hombre.

18 Y estando presentes sus acusadores, ningun crimen le opusieron de los que
yo sospechaba.

19 Solamente tenian ciertas cuestiones acerca de su supersticion contra el,
y de un cierto Jesus difunto, el cual Pablo afirmaba vivir.

20 Y yo dudando en cuestion semejante, dije, si queria ir a Jerusalem, y
alla ser juzgado de estas cosas.

21 Mas apelando Pablo a ser guardado al conocimiento de Augusto, mande que
le guardasen, hasta que le envie a Cesar.

22 Entonces Agripa dijo a Festo: Yo tambien querria oir a [ese] hombre. Y el
dice: Manana le oiras.

23 Y otro dia viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrado en el
auditorio con los tribunos, y los varones mas principales de la ciudad,
mandandolo Festo, fue traido Pablo.

24 Entonces Festo dice: Rey Agripa, y todos los varones que estais aqui
juntos con nosotros, veis a este, por el cual toda la multitud de los Judios
me ha demandado en Jerusalem y aqui, dando voces que no conviene que viva
mas.

25 Mas yo hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y el mismo
apelando a Augusto, he determinado de enviarle.

26 Del cual no tengo cosa cierta que escriba al senor, por lo cual le he
sacado a vosotros, y mayormente a ti, oh rey Agripa, para que hecha
informacion, tenga que escribir.

27 Porque fuera de razon me parece enviar un preso, y no informar de las
causas.



CAPITULO 26

1 ENTONCES Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti. Pablo entonces
extendiendo la mano, comenzo a dar razon de si, [diciendo:]

2 Acerca de todas las cosas de que soy acusado de los Judios, oh rey Agripa,
me tengo por dichoso, de que delante de ti me haya hoy de defender.

3 Mayormente sabiendo tu todas las costumbres y cuestiones que hay entre los
Judios: por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.

4 Mi vida pues, desde la mocedad, la cual desde el principio fue en mi
nacion en Jerusalem, todos los Judios la saben:

5 los cuales tienen ya conocido, que yo desde el principio, si quieren
testificarlo, conforme a la mas perfecta secta de nuestra religion he vivido
Fariseo.

6 Y ahora por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy
llamado en juicio.

7 A la cual nuestras doce tribus, sirviendo perpetuamente de dia y de noche,
esperan que han de venir: de la cual esperanza, oh rey Agripa, soy acusado
por los Judios.

8 ?Como se juzga cosa increible entre vosotros que Dios resucite los
muertos?

9 Yo ciertamente habia pensado de hacer contra el nombre de Jesus el
Nazareno muchas cosas contrarias.

10 Lo cual tambien hice en Jerusalem, y yo encerre en carceles a muchos de
los santos, recibida potestad de los principes de los sacerdotes; y cuando
eran matados, yo di mi voto.

11 Y muchas veces por las sinagogas castigandolos, les force a blasfemar: y
enfurecido sobre manera contra ellos, los persegui hasta en las ciudades
extranas.

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Poetry Workshop creature features

For many years my local corner shop displayed a large sign in its window telling local residents to "use us or lose us!" It always looked a rather toothless threat to me. After all, if I didn't use them, what difference would it make to me if they weren't there? And surely a corner shop, one that had been there for years, would have enough customers to survive without recourse to such apocalyptic warning? But it didn't and was soon converted into flats.

This community shop was destroyed not so much by the pressures of the supermarkets or people's commuting patterns, but simply by customer apathy. It's something to think about as crime writers and readers across the world mourn the imminent passing of Maxim Jakubowski's celebrated Charing Cross Road bookshop in London, Murder One.

Apathy is a strange word to connect to a bookstore that thrives on passion. It's noticeable when you walk through the door, when you speak to the friendly, knowledgeable staff, when you look at the shelves and see the vast range of titles on offer. This isn't your regular kind of bookstore: the first time I visited spent a whole lunch break looking up and down, from floor to ceiling from table to table; it was an hour that changed my perception of both crime writing and of bookselling.

Murder One was – and for a few weeks will remain – a shop that took crime seriously. Not in the sense that it intellectualised it, or made unsubstantiated claims for its importance, but in the way that it treated crime writing with the respect it was due. With a genre that has so many off-shoots, branches and sub-genres, it took a shop of Murder One's calibre to show just how diverse, interesting and mentally stimulating crime could be – far more than the guilty pleasure I had, until then, considered it.

Thanks to judicious recommendations, enticing table displays and hours of foraging among the stacks, I discovered writers that I would never have picked up, let alone read. You could always get the latest blockbuster, but delve a little deeper and you'd find books that were not stocked anywhere else, novels that, like the perfect crime, were hidden from public view. The Martin Beck novels by Sjöwall & Wahlöö – probably my favourite sequence of novels in any genre – were introduced to me via Murder One, as were Kem Nunn, Sue Grafton, and Henning Mankell. It's also the staff of Murder One who piqued my interest in the inimitable Fred Vargas, and I can't thank them enough for the introduction.

Inclusive and without snobbery, Murder One amply demonstrated that the best bookshops are places not just of commerce, but of community; places that make feel you belong. It's the kind of store that bibliophiles dream about: well-stocked, well-staffed and shabby enough to lose days browsing within. It's just unfortunate that such shops don't have enough paying customers to keep them afloat, or that these customers visit all too infrequently – something of which I'm certainly guilty.

These kinds of shops are facing a long, bloody battle – and one which, without significant reinforcements, they are likely to lose. As we hear of the travesty of another brilliant independent going down, we'll mourn the loss, wring our hands and damn Amazon and the supermarkets and Waterstone's. Yet perhaps the most important detail we'll probably keep under wraps: the last time we actually spent any money there.

Murder One closing its doors for the final time is undoubtedly a .38 shell for independent bookshops, but whether it's body blow or a warning shot all depends upon us, the consumers. No one, no matter how iconic or established, can exist on fond memories alone: just ask Woolworths. Use these shops now, because it doesn't take a master sleuth to deduce what will happen if we don't.

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