Novelas de Voltaire Tomo Primero by Voltaire
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COMO ANDA EL MUNDO, VISION DE BABUCO,
ESCRITA POR EL PROPIO.
Entre los genios que a los imperios del mundo presiden, ocupa Ituriel
uno de los primeros puestos, y tiene a su cargo el departamento de la
alta Asia. Baxo una manana a la mansion del Escita Babuco, a orillas
del Oxo, y le dixo asi: Babuco, los Persas han incurrido en nuestro
enojo por sus excesos y sus desvarios, y ayer se celebro una junta de
genios de la alta Asia para decidir si habian de castigar o destruir a
Persepolis. Vete a este pueblo, examinalo todo; me daras cuenta, y por
tu informe determinare si he de castigar o exterminar la ciudad. Yo,
senor, respondio humildemente Babuco, ni he estado nunca en Persia, ni
conozco en todo aquel imperio a ninguno. Mas vale asi, dixo el angel,
que no seras parcial. Del cielo recibiste sagacidad, y yo anado el don
de inspirar confianza: ve, mira, escucha, observa, y nada temas, que
en todas partes seras bien visto.
Monto pues Babuco en su camello, y se marcho con sus sirvientes. Al
cabo de algunas jornadas, encontro en los valles de Senaar el exercito
persa que iba a pelear con el exercito indio; y dirigiendose a un
soldado que hallo en un parage remoto, le pregunto qual era el motivo
de la guerra. Por los Dioses celestiales, que no lo se, dixo el
soldado, ni me importa; mi oficio es matar o que me maten para ganar
mi vida: servir aqui o alli, es para mi todo uno; y aun puede ser que
me pase manana al campo de los Indios, que dicen que dan a los
soldados cerca de media-dracma de cobre al dia mas que en este maldito
servicio de Persia. Si quereis saber porque pelean, hablad con mi
capitan. Babuco, despues de haber hecho un regalejo al soldado, entro
en el campo, y habiendo hecho conocimiento con el capitan le pregunto
el motivo de la guerra. ?Como quereis que lo sepa yo? ?y que me
importa, sea el que quiera? Yo resido a doscientas leguas de distancia
de Persepolis; me dicen que se ha declarado la guerra, y al punto dexo
mi familia, y, como es costumbre, voy a buscar fortuna o la muerte,
porque no tengo otra cosa que hacer. ?Y vuestros camaradas, dixo
Babuco, no estan tampoco mas instruidos que vos? No, dixo el oficial:
solamente nuestros principales satrapas son los que a punto fixo saben
porque nos degollamos.
Atonito Babuco se introduxo con los generales, y se insinuo en su
familiaridad. Al fin le dixo uno de ellos: La causa de la guerra que
asuela veinte anos ha el Asia, procede en su origen de una contienda
de un eunuco de una de las mugeres del gran rey de Persia, con un
oficinista del gran rey de las Indias. Tratabase de un derecho que
producia con corta diferencia un triesimo de darico; y como tanto el
primer ministro de Indias como el nuestio sustentaron con dignidad los
derechos de su amo respectivo, se inflamaron los animos, y salieron a
campana de cada parte un millon de soldados. Cada ano es necesario
reclutar estos exercitos con quatrocientos mil hombres. Crecen las
muertes, los incendios, las ruinas y las talas; padece el universo, y
sigue la enemiga. Nuestro ministro y el de Indias protestan con mucha
frequeencia que no les mueve otra cosa que la felicidad del linage
humano; y a cada protesta se destruye alguna ciudad, o se asuelan
algunas provincias.
Habiendose al otro dia esparcido la voz de que se iba a firmar la paz,
dieron el general indio y el persa a toda priesa la batalla, que fue
sangrienta. Vio Babuco todos los yerros y todas las abominaciones que
se cometieron, y fue testigo de las maquinaciones de los principales
satrapas, que hicieron quanto estuvo en su mano para que la perdiera
su general: vio oficiales muertos por su propia tropa; vio soldados
que acababan de matar a sus moribundos camaradas, por quitarles
algunos andrajos ensangrentados, rotos y cubiertos de inmundicia;
entro en los hospitales adonde llevaban a los heridos, que perecian
casi todos por la inhumana negligencia de los mismos que pagaba a peso
de oro el rey de Persia para que los socorriesen. ?Son hombres estos,
exclamaba Babuco, o son fieras? Ha, bien veo que ha de ser destruida
Persepolis.
Preocupado con esta idea paso al campo de los Indios, donde, conforme
a lo que se le habia pronosticado, le recibieron con tanto agasajo
como en el de los Persas, y donde presencio los mismos excesos que le
habian llenado de horror. Ha, ha, dixo para si, si quiere el angel
Ituriel exterminar a los Persas, tambien tiene que exterminar a los
Indios el angel de las Indias. Habiendose informado luego mas
menudamente de quanto en ambos exercitos habia sucedido, supo acciones
magnanimas, generosas y humanas, que le pasmaron y le embelesaron.
Inexplicables mortales, exclamo, ?como podeis juntar con tanta torpeza
tanta elevacion, y tantas virtudes con tantos delitos?
Declarose en breve la paz, y los caudillos de ambos exercitos, que por
solo su interes habian hecho verter la sangre de tantos semejantes
suyos, se fueron a solicitar el premio a su corte respectiva, puesto
que ninguno habia ganado la victoria. Celebrose la paz en escritos
publicos que anunciaban el reyno de la virtud y de la felicidad en la
tierra. Loado sea Dios, dixo Babuco; Persepolis va a ser la mansion de
la mas acendrada inocencia, y no sera destruida, como querian aquellos
malditos genios: vamos sin mas tardanza a ver esta capital del Asia.
Llego a esta inmensa ciudad por la antigua entrada, aun sumida en la
barbarie, y que inspiraba asco por su rudo desalino. Sentiase toda
esta porcion del pueblo del tiempo en que se habia edificado; que
hemos de confesar, sea qual fuere el empeno de exaltar lo antiguo a
costa de lo moderno, que en todas cosas las primeras pruebas siempre
son toscas.
Metiose Babuco entre una muchedumbre de gentio compuesto de quanto mas
puerco y mas feo en ambos sexos pueda hallarse, la qual entraba a toda
priesa en un obscuro y tenebroso recinto. El continuo zumbido, el
movimiento que notaba, y el dinero que en un platillo algunas personas
echaban, le dio a entender que estaba en un publico mercado; pero
quando vio que muchas mugeres se hincaban de rodillas, mirando al
parecer a lo que tenian enfrente, y en realidad a los hombres de lado,
echo de ver que se hallaba en un templo. Unas voces asperas,
carrasquenas, desentonadas y gangosas hacian que en mal articulados
sonidos la boveda resonara, parecidas a la voz de los animales
cerdudos que en las llanuras de la Mancha responden al corvo y agudo
instrumento que los llama. Tapabase los oidos; mas tuvo luego que
taparse ojos y narices, quando vio que entraban en el templo unos
zafios con palas y azadones. Levantaron estos una ancha piedra;
tiraron a mano derecha y a mano izquierda una tierra que exhalaba un
hedor intolerable; pusieron luego un muerto en el hueco que habian
hecho, y volvieron a sentar la piedra. iCon que entierran estas
gentes, exclamo Babuco, a sus muertos en los sitios mismos donde
adoran la divinidad! icon que estan empedrados con cadaveres sus
templos! Ya no me espanto de las pestilenciales dolencias que con
tanta frequeencia afligen a Persepolis; capaz es de envenenar todo el
globo terraqueeo la podredumbre de tantos muertos y de tantos vivos
apenuscados en un mismo sitio. iHa, que sucio pueblo es Persepolis!
Sin duda que la quieren destruir los angeles, para edificar otra
Ciudad mas hermosa, y poblarla de gentes mas aseadas, y que mejor
canten: la Providencia sabe lo que se hace; no nos metamos en quitarle
su idea.
Acercabase ya el sol a la mitad de su carrera, y tenia Babuco que ir a
comer al otro extremo del pueblo, a casa de una dama para quien le
habia dado carta de recomendacion su marido que era oficial en el
exercito. Anduvo por mil y mil calles de Persepolis; vio otros templos
mas bien adornados, adonde concurria gente mas culta, y donde se oia
una harmonica musica; reparo en fuentes publicas, que aunque
defectuosas hacian maravilloso efecto; vio frescas y amenas calles de
arboles, jardines donde se respiraban los mas exquisitos olores, y se
vian reunidas plantas de los mas remotos pueblos. Maravillose al ver
magnificos puentes, puesto que estaban destinados a pasar un arroyuelo
que sin mojarse los pies se vadea las quatro quintas partes del ano;
paso por calles anchas y magnificas, llenas de palacios a una y otra
acera, y entro por fin en casa de la dama que con una sociedad de
personas decentes le esperaba a comer. Estaba su casa limpia y bien
adornada; la senora era moza, hermosa, discreta y cortes, y la
sociedad amable; y decia Babuco entre si: Sin duda que habia perdido
el juicio el angel Ituriel, quando queria destruir una ciudad tan
cumplida. Mas advirtio muy breve que la senora, que al principio le
habia pedido amorosamente nuevas de su marido, al fin de la comida
hablaba mas amorosamente a un mago mozo. Luego vio que un magistrado
delante de su propia muger hacia mil halagos a una viuda, la qual
estrechaba con una mano el cuello del magistrado, y daba la otra a un
mozo muy lindo y modesto. La primera que se levanto de la mesa fue la
muger del magistrado, que se encerro en un gabinete inmediato para
conferenciar con su director de almas, hombre eloqueentisimo, que con
tal energia hubo de discurrir con ella, que volvio abochornado el
rostro, humedecidos los ojos, la voz tremula, y los pasos vacilantes.
Babuco entonces se empezo a rezelar de que tenia razon el genio
Ituriel. Con el dote que tenia de grangearse la confianza, supo aquel
dia mismo los secretos de la dama, la qual le fio su carino al mago
mozo, asegurandole que en todas las casas de Persepolis encontraria lo
mismo que en la suya habia visto. Infirio Babuco que no podia durar
semejante sociedad; que todas las casas habian de estar asoladas por
zelos, venganzas y rencillas; que sin cesar habian de verterse
lagrimas y sangre; que infaliblemente habian de matar los maridos a
los cortejos de sus mugeres, o de ser muertos por ellos; finalmente
que hacia Ituriel muy bien en destruir de una vez un pueblo abandonado
a horrendos desordenes.
Fuese despues de comer a uno de los mas soberbios templos de la
ciudad, y se sento en medio de una muchedumbre de hombres y mugeres
que habian ido alli a matar el tiempo. Subio un mago a una maquina
alta, y discurrio largo tiempo acerca del vicio y la virtud; y
habiendo dividido en varias partes lo que no era menester dividir,
probo metodicamente las cosas mas claras, enseno lo que sabia todo el
mundo, se exalto sin motivo, y salio sudando y sin respiracion.
Despertose entonces la gente, y creyo que habia asistido a una
instruccion. Babuco dixo: Este buen hombre ha hecho quanto ha podido
por fastidiar a doscientos o trescientos conciudadanos suyos; pero su
intencion era buena, y esto no es motivo para destruir a Persepolis.
Llevaronle, al salir de esta asamblea, a que viera una fiesta publica
que se celebraba todos los dias del ano en una especie de basilica, en
cuya parte interior se via un palacio. Formaban tan hermoso
espectaculo las ciudadanas mas hermosas de Persepolis, y los
principales satrapas colocados en orden, que al principio creyo Babuco
que se reducia a esto la fiesta. En breve se dexaron ver en el
vestibulo de este palacio dos o tres personas que parecian reyes y
reynas; su idioma era muy distinto del que estilaba el vulgo, y tenia
ritmo, harmonia y sublimidad. No se dormia nadie, que todos en alto
silencio escuchaban, y si le interrumpian, era para dar pruebas de
admiracion y ternura general; y con tan vivos y bien sentidos terminos
se hablaba de las obligaciones de los reyes, del amor de la virtud, y
de los riesgos de las pasiones, que arrancaron lagrimas a Babuco: el
qual no dudo que fuesen los predicadores del imperio aquellos heroes y
heroinas y aquellos reyes y reynas que acababa de oir, y hasta hizo
proposito de persuadir a Ituriel que los viniese a escuchar, cierto de
que semejante espectaculo le reconciliaria con Persepolis para
siempre.
Concluida la fiesta, quiso visitar a la reyna principal que en aquel
hermoso palacio habia anunciado tan sublime y acendrada moral. Hizo
que le introduxeran en casa de su magestad; y le llevaron por una mala
escalerilla a un segundo piso, donde hallo en un aposento pobremente
alhajado una muger mal vestida, que con noble y patetico ademan le
dixo: Mi oficio no me da para vivir; uno de los principes que habeis
visto me ha hecho un hijo: estoy para parir: no tengo dinero, y sin
dinero todo parto es un mal parto. Babuco le dio cien daricos de oro,
diciendo: Si no hubiera cosas peores en la ciudad, poco motivo tuviera
Ituriel para estar tan enojado.
Fue de alli a pasar la tarde a las tiendas de mercaderes de
magnificencias superfluas. Llevole un sugeto inteligente que se habia
hecho amigo suyo, compro lo que hallo de su gusto, y con muchas
cortesias se lo vendieron mucho mas caro de lo que valia. Quando hubo
vuelto a casa, le hizo ver su amigo que le habian estafado; y apunto
Babuco en su libro de memoria el nombre del mercader, para que el dia
del castigo de la ciudad no le echara Ituriel en olvido. Estando
escribiendo, llamaron a la puerta, y entro el mercader que le traia a
Babuco su bolsillo que se habia dexado olvidado encima del mostrador.
?Como es posible, dixo Babuco, que seais tan generoso y escrupuloso,
despues de haber tenido cara para venderme vuestras buxerias quatro
tanto mas de lo que valen? No hay en toda la ciudad, le respondio el
mercader, negociante ninguno algo conocido, que no hubiese venido a
traeros el bolsillo; mas quando os han dicho que os he vendido lo que
en mi tienda habeis comprado el quadruplo de su valor, os han
enganado, porque os lo he vendido diez veces mas de lo que ello vale;
y esto es tan cierto, que si dentro de un mes os quereis deshacer de
ello, no os daran ni el diezmo: y no hay empero cosa mas conforme a
razon, porque siendo el antojo de los hombres lo que da valor a estas
fruslerias, ese mismo antojo da de comer a cien obreros que empleo yo,
y a mi me da una casa bien puesta, un buen coche, y buenos caballos.
Este antojo es quien vivifica la industria, y mantiene el fino gusto,
la circulacion y la abundancia. A las naciones comarcanas les vendo
mucho mas caras que a vos esas mismas frioleras, y de este modo sirvo
con provecho al imperio. Parose Babuco pensativo un, rato, y le borro
luego de su libro.
No sabiendo que pensar de Persepolis, se determino a visitar a los
magos y a los literatos, lisonjeandose de que alcanzarian estos el
perdon de todo lo restante del pueblo, porque unos se aplican a la
sabiduria, y a la religion los otros. La manana siguiente fue a
visitar un colegio de magos, y le confeso el archimandrita que tenia
trescientos mil escudos de renta por haber hecho voto de pobreza, y
que exercia una vasta jurisdiccion en virtud de otro voto de humildad.
Dicho esto, dexo a Babuco en manos de un aprendiz de mago, para que le
obsequiase.
Ensenabale este las preciosidades de esta casa de penitencia, quando
se esparcio la voz de que traia comision de hacer reformas. Al punto
le dieron memoriales de cada una, que todos en sustancia venian a
decir: _Conservadnos a nosotros, y suprimid todos los demas_. Si daba
credito a sus propias apologias, todas estas congregaciones eran
necesarias; si atendia a sus reciprocas acusaciones, todas merecian
ser destruidas. Pasmabase Babuco de que no hubiese ninguna que, por
edificar al universo, no quisiese ser arbitro de el. Presentosele
entonces un hombrecillo que era semi-mago, el qual le dixo: La grande
obra se va a cumplir, y Zerdust ha vuelto a la tierra; por tanto os
rogamos que nos ampareis contra el Gran Lama. ?Con que contra el
pontifice monarca, respondio Babuco, que reside en el Tibet?--Contra
ese mismo.--?Pues que? le haceis guerra, y alistais contra el un
exercito?--No es eso; pero dice que el hombre es libre, y nosotros no
lo creemos: escribimos contra el libracos que no lee; y apenas si nos
ha oido mentar, puesto que nos acaba de condenar, como un propietario
que manda extirpar las orugas de su huerto. Asombrose Babuco de la
locura de hombres que profesan la sabiduria, de las maranas de los que
habian renunciado del mundo, de la ambicion y altiva codicia de los
que predicaban humildad y desinteres; y coligio que sobraban razones
valederas a Ituriel para destruir toda esta raza.
Retirose a su casa, mando que le compraran libros nuevos para calmar
su enfado, y convido a comer a varios literatos para su recreo.
Llegaron mas del doble de los que habia llamado, como acuden las
avispas a la miel. No se daban vado estos gorreros a hablar y a
engullir, y elogiaban dos clases de hombres, los muertos y ellos
propios, mas nunca a sus coetaneos, exceptuando el amo de casa. Si
decia uno un dicho agudo, baxaban los demas los ojos, y se mordian la
lengua de sentimiento de no ser ellos los autores. Eran menos
cautelosos que los magos porque no aspiraba su ambicion a tan altos
objetos, solicitando cada uno un empleo de sirviente y la reputacion
de grande hombre. Decianse en su cara denuestos, que se les figuraban
agudos epigramas. Habiaseles traslucido algo de la comision de Babuco,
y uno de ellos en voz baxa le suplico que exterminase a un autor que
no le habia dado suficientes elogios; otro lo pidio la perdida de un
ciudadano que en sus comedias nunca se reia; y otro la extincion de la
academia, porque jamas habia podido conseguir ser su individuo.
Acabada la comida, se fueron solos todos, porque en toda esta caterva
no habia dos que se pudieran sufrir, ni se hablaban mas que en las
casas de los ricos que a su mesa los convidaban. Creyo Babuco que
poquisimo se perdia con que pereciese toda esta landre en la general
destruccion.
Apenas se zafo de ellos, se puso a leer algunos de los libros que
acababan de publicarse, y advirtio en ellos el caracter de sus
convidados. Indignaronle mas que todo las gacetillas de calumnias, y
los archivos de mal gusto dictados por la envidia, la hambre y la
torpeza; viles satiras que respetan los buytres y despedazan las
palomas; novelas faltas de imaginacion, donde se ven mil retratos
ideales de sugetos que sus autores no conocen. Tiro al fuego todos
estos detestables escritos, y salio aquella tarde de casa, para ir al
paseo. Presentaronle a un literato anciano que no habia venido a
aumentar el numero de sus pegotes. Esquivaba este la muchedumbre,
conocia a los hombres, sabia servirse de ellos, y se explicaba con
cordura. Hablole Babuco con mucho sentimiento de quanto habia visto y
leido. Cosas muy despreciables habeis leido, le dixo el cuerdo
letrado; pero en todos tiempos y en todo pais es muy comun lo malo, y
rarisimo lo bueno. Habeis dado acogida en vuestra mesa a las heces de
la pedanteria, porque en toda profesion lo que siempre se presenta con
mas descaro es lo que menos merece salir a la plaza. Viven unos con
otros, sosegados y en el retiro, los verdaderos sabios, y aun no nos
faltan libros y autores que son acreedores a vuestra atencion.
Mientras que estaba hablando, llego otro literato, y fueron sus
razonamientos tan instructivos y agradables, tan superiores a las
preocupaciones, y tan conformes con la virtud, que confeso Babuco que
nunca habia oido semejante cosa. Hombres son estos, decia para si, a
quien no se atrevera el angel Ituriel a hacer mal, a menos que sea muy
despiadado.
No conservaba menos enojo contra lo demas de la nacion, puesto que se
habia reconciliado con los literatos. Sois un extrangero, le dixo el
hombre juicioso que le hablaba, y se os presentan de tropel los
abusos, mientras que se os esconde el bien oculto, y que no pocas
veces de estos mismos abusos resulta. Supo entonces que habia entre
los literatos muchos que no eran envidiosos, y hasta entre los magos
algunos que eran virtuosos. Al fin entendio que estos grandes cuerpos,
que con sus choques preparaban al parecer su ruina comun, eran en la
realidad fundaciones provechosas; que cada asociacion de magos era un
freno para sus emulas; que si a veces estas diferian de opinion, todas
ensenaban una moral misma; que instruian el pueblo, y sujetas a las
leyes: semejantes a los preceptores que zelan los hijos de casa,
mientras que a ellos los zela el amo. Trato a muchos, y encontro entre
ellos almas celestiales; y supo que entre aquellos mismos locos que
querian poner guerra al Gran Lama, habia varones eminentes. Sospecho
al cabo que podian ser lo mismo las costumbres de Persepolis que sus
edificios, que unos le habian parecido dignos de lastima, y otros le
habian sobrecogido en admiracion.
Dixo un dia al literato: Ahora conozco que los magos, que por tan
peligrosos habia tenido, pueden ser muy provechosos, especialmente
quando un prudente gobierno estorba que se grangeen sobrado influxo:
?pero que utilidades, pueden resultar de las colosales riquezas de los
asentistas y agentes del fisco? Aquel mismo dia vio que la opulencia
de estos, que tanto le habia repugnado, producia a veces mucho fruto,
porque habiendo necesitado dinero el soberano, hallo en una hora por
su medio lo que por las vias ordinarias no hubiera en seis meses
encontrado; y se convencio de que estas pardas nubes, alimentadas con
el rocio de la tierra, le restituian en lluvias lo que de ellas
recibian: aparte de que los hijos de estos hombres nuevos, por lo
comun mas bien educados que los de las mas antiguas familias, valian
mucho mas que estos; porque tener por padre un buen calculador no
quita que sea uno juez recto, valiente soldado, o habil estadista.
Poco a poco perdonaba Babuco la codicia del asentista, que en la
realidad no es ni mas ni menos codicioso que los demas, y que es
indispensable; disculpaba la locura de disipar su caudal por hacer la
guerra, que era origen de tantas belicas proezas; y perdonaba los
zelos de los literatos, entre quienes se hallaban sugetos que
ilustraban el mundo: se reconciliaba con los magos ambiciosos y
tramoyistas, que con pequenos vicios juntaban grandes virtudes; puesto
que le quedaban no pocos escrupulos, especialmente sobre los galanteos
de las damas, y las horrendas consequeencias que infaliblemente habian
de producir, y que le llenaban de horror y sustos.
Queriendo examinar todos los estados, hizo que le llevaran a casa de
un ministro, y en el camino iba temblando de ver alguna muger
asesinada por su marido en presencia suya. Llego a la antesala del
hombre de estado, y estuvo dos horas aguardando a que dixeran que
estaba alli, y otras dos despues que lo hubieron dicho, haciendo en
este tiempo firmisimo proposito de recomendar al ministro y sus
insolentes concierges al enojo del angel Ituriel. Estaba la antesala
atestada de damas de todas clases, de magos de todos colores, de
jueces, mercaderes, oficiales y pedantes, que todos estaban quejosos
del ministro. Decian el avariento y el logrero: No hay duda de que
roba este hombre las provincias; afeaba sus rarezas el extravagante;
decia el sensual que solo con sus gustos tenia cuenta; y esperaban las
mugeres que en breve le sustituiria otro ministro mas mozo.
Oia Babuco todas estas razones, y no pudo menos de decir: iQue hombre
tan dichoso es este! Todos sus enemigos los tiene en su antesala; su
potencia abruma a sus envidiosos, y mira a sus plantas a quantos le
detestan. Al fin entro en su gabinete, y vio a un viejecito agobiado
de anos y quehaceres, pero vivo todavia, y muy inteligente. Gustole
Babuco, y a Babuco le parecio un sugeto muy digno de estimacion. Fue
muy interesante la conferencia: el ministro le confeso que era el
hombre mas desgraciado; que le tenian por rico, y era pobre; que le
creian omnipotente, y para todo encontraba impedimentos; que todos sus
beneficios habian sido pagados con ingratitudes, y que en quarenta
anos de continuas faenas habia tenido apenas un rato de satisfaccion.
Enterneciose Babuco, y dixo entre si que si habia cometido algunos
yerros este hombre, y por ellos le queria castigar el angel Ituriel,
bastaba con dexarle su cargo, sin exterminarle.
Estaba razonando con el ministro, quando entro desatentada la hermosa
dama en cuya casa habia comido Babuco, manifestando su rostro y sus
ojos los sintomas del dolor y el enojo. Prorumpio en amargas quejas
contra el hombre de estado; vertio lagrimas; se lamento amargamente de
que hubieran negado a su marido un cargo a que podia aspirar por su
cuna, y de que le hacian acreedor sus heridas y servicios; y hablo con
tanta energia, se quejo con tal gracia, desvanecio con tal mana los
reparos, con tal eloqueencia esforzo sus razones, que no salio del
gabinete hasta haber conseguido la fortuna de su marido.
Salio Babuco dandole la mano, y le dixo: ?Es posible, senora, que os
hayais tomado tanto trabajo por un hombre que no quereis, y que tanto
teneis por que temer? ?Como es eso que no le quiero? replico la dama:
sabed que mi marido es el mejor amigo que tengo en este mundo, y que
sacrificare por el todo quanto tengo, como no sea mi amante; lo mismo
que hiciera el, menos sacrificar a su querida. Quiero que la
conozcais, que es una muy linda senora, muy discreta, y de excelente
genio; esta noche cenamos juntos con mi marido y mi amiguito el mago:
venid a participar nuestro gusto.